• El diálogo de Jesús con Juan y las mujeres

    Al pie de la cruz, Jesús encomienda a su madre María a Juan, el discípulo amado (Juan 19.25-27). Único evangelio que relata esta escena, Juan subraya la valiente presencia de las mujeres y de Juan en el Gólgota. Este diálogo revela un doble alcance: humano, pues Jesús asume sus responsabilidades filiales, y espiritual, pues instituye una nueva familia fundada en la fe y no en la sangre. Juan obedece de inmediato, dando testimonio de su fidelidad.

    San Mateo 27.31-56 (Reina-Valera 1909) :
    Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.Y saliendo, hallaron á un Cireneo, que se llamaba Simón: á éste cargaron para que llevase su cruz.Y como llegaron al lugar que se llama Gólgotha, que es dicho, El lugar de la calavera,Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel; y gustando, no quiso beberlo.Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.Y sentados le guardaban allí.Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS EL REY DE LOS JUDIOS.Entonces crucificaron con él dos ladrones, uno á la derecha, y otro á la izquierda.Y los que pasaban, le decían injurias, meneando sus cabezas,Y diciendo: Tú, el que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate á ti mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.De esta manera también los príncipes de los sacerdotes, escarneciendo con los escribas y los Fariseos y los ancianos, decían:A otros salvó, á sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.Lo mismo también le zaherían los ladrones que estaban crucificados con él.Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, decían: A Elías llama éste.Y luego, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la hinchió de vinagre, y poniéndola en una caña, dábale de beber.Y los otros decían: Deja, veamos si viene Elías á librarle.Mas Jesús, habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu.Y he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo: y la tierra tembló, y las piedras se hendieron;Y abriéronse los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;Y salidos de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron á la santa ciudad, y aparecieron á muchos.Y el centurión, y los que estaban con él guardando á Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era éste.Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido de Galilea á Jesús, sirviéndole:Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
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